23 nov. 2017

MIRAR CON SUS OJOS...


Paz y Bien a todos… 

       Los franciscanos y las clarisas estrenamos un nuevo ciclo de encuentros orantes. Queremos hacerlo dejándonos empapar y contagiar de la mirada de Dios. Mirar cómo nos mira y mirar como Él mira.

      Jesús, en el evangelio de la higuera estéril, nos invita a mirar la realidad y mirarnos a nosotros mismos con los ojos de Dios. Su mirada es tan diferente a la nuestra!… Él conoce nuestras frustraciones, fragilidades, cansancios hondos, también sabe de nuestros anhelos y esperanzas… Dios mismo dialoga con nuestros desánimos y nos suplica que nos dejemos cuidar por Él, que acojamos la confianza y esperanza que Él siembra en nosotros.

        Dios desea recrearnos con su mirada. Para Él no somos una higuera estéril que hay que arrancar, Él ve en cada uno una higuera a cuidar. Jesús abraza nuestra esterilidad, confía esperanzado en nuestro futuro y promete cuidarnos con esmero.

         Nuestro Dios nos ama como somos y cree en nosotros, nos pone en pie, activa nuestros sueños, despierta nuestras posibilidades dormidas, cuenta con nosotros. Su empeño es sorprendente y esperanzador: Yo mismo cavaré y echaré abono. Dios se remanga, nos cuida sin descanso para que demos el fruto que Él espera. Abiertos a su luz y agradecidos acogemos su amor. ¡Te esperamos!

Día: Sábado 25 de noviembre
Lugar: Plaza santa Clara, 2
Horario: De 5:30h. a 7:00h. de la tarde

* Evangelio: Lc 13, 6-9

         Jesús les propuso esta parábola: Un hombre había plantado una higuera en su viña, pero cuando fue a buscar fruto en la higuera, no lo encontró. Entonces dijo al viñador: “Hace ya tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera y no lo encuentro. ¡Córtala! ¿Por qué ha de ocupar terreno inútilmente?” El viñador le respondió: “Señor, déjala todavía este año; yo la cavaré y le echaré abono, a ver si da fruto en lo sucesivo; si no lo da, entonces la cortarás.

* Distintas miradas

         En este evangelio, el propietario y el viñador contemplan la misma realidad: una higuera que no da fruto. Estos dos personajes nos ayudan a reconocer dos actitudes distintas que se dan también en nosotros.

            El propietario representa esa mirada realista y un tanto dura según la cual tenemos la impresión de que nuestra vida o nuestras relaciones, o nuestro trabajo no están dando el fruto que esperamos. Además, la cosa no viene de ahora: Llevo ya tres años… Pasa el tiempo y sigo tropezando en las mismas piedras: no acaba de llegar esa conversión del corazón que tanto me gustaría, la vida no me da lo que yo esperaba encontrar en ella. Crece la insatisfacción respecto de mí, de los demás, de mis expectativas de futuro.

         Corta la higuera. No merece la pena que ocupe terreno inútilmente. Conocemos esta reacción espontánea, ¡tan humana!, cansada de tanta desproporción entre nuestros deseos y esfuerzos y el poco fruto que encontramos; cansada de tanta fragilidad, propia y ajena.

         Afortunadamente hay otra mirada: la del viñador. Es tan realista como la del otro, pero ve más. Donde el propietario ve una higuera a cortar el viñador ve una higuera a cuidar. Donde el propietario ve decepción, el viñador ve preocupación activa. El viñador ve las apariencias pero ve también las posibilidades ocultas. Ve lo que la realidad puede dar de sí, aunque hoy parece no dar nada. Y sabe permanecer, esperar y cuidar.

         ¡Cómo se parece esta mirada a la mirada de Dios! Dios mira así, como el viñador, nuestra realidad, nuestra vida, nuestras fragilidades, nuestro poco fruto, nuestros cansancios hondos… Dios no ignora nuestra fragilidad pero, en lugar de maldecirla y arrancarla, se remanga y se pone a cuidarla.

* FRANCISCO y CLARA de ASÍS

         Enamorados de Jesús, con la mirada y el corazón fijos en Él, se dejaron transformar por Quien contemplaban, hasta ver con los ojos del Amado. Ellos nos acompañan y animan en este bello camino. Dejémonos contagiar de su mirar y amar.

            Santa Clara: Por tu mente…, pon tu alma…, pon tu corazón en Jesucristo y
transfórmate toda entera, por la contemplación en imagen de su divinidad (3CtaCl 12-13).

            San Francisco nos anima a que en nuestros ojos resplandezca la misericordia de Dios: Que no haya en el mundo ningún hermano que, habiendo pecado todo lo que pudiera pecar, se aleje jamás de ti, después de haber visto tus ojos, sin tu misericordia (CtaM 9).

* Para orar y reflexionar:

         ¿Qué frustraciones, cansancios, desencantos, fragilidades… me hacen tirar la
toalla y querer cortar mi higuera?

         En un rato de oración ve repasándolas, una a una, siente la mirada de Dios posándose sobre cada una de esas desesperanzas, y siente la esperanza de Dios, déjate contagiar por Él. ¿Cómo te invita a cavar y abonar cada una de esas situaciones?


* Para profundizar:    Aprender a vivir con Francisco de Asís; Ed Arantzazu; pp 29 a 38.